No soy
crítica arte, ni curadora de muestras, soy ese “quien sea” que Paula
eligió para escribir sobre su artisticidad,
y aunque mi percepción no está fundada
en una base técnica o teórica, me permito escribir desde el andamio en el que
sí puedo apoyarme, la emoción.
De la
mano de la obra de Paula pude experimentar texturas, una fiebre de matices,
volúmenes, una imagen recortada o
una realidad fantasiosa, una nueva representación del decir, entendí que el
arte no es otra cosa que una invitación, una puerta de entrada a otro mundo.
Lejos de los estereotipos, prejuicios o
patrones artísticos convencionales Paula
posee una capacidad perceptiva,
emotiva e imaginativa, experimenta con las formas, los cuerpos, los objetos,
disfruta de enredarse con los colores, juega con lo multidimensional, posee la libertad y la confianza para llevar al
espectador hacia un viaje en donde la capacidad lúdica y la sensibilidad que se
involucran son las que garantizan el
éxito.
Como
muchos artistas, puede pasar días elaborando
una pieza o simplemente abstraerse del mundo para verla terminada en pocas
horas, esa idea que boceta en lápiz sobre
algún papel logra cobrar vida en vibrantes colores y dimensiones
descomunales invitándonos a abrir los ojos y la cabeza por igual, puede regalarnos
algo sencillamente para mirar o, por el contrario, una instalación en donde una
habitación repleta de cosas nos espera montada para tocar, pisar o sentarse
sobre ella y un sonido escondido por algún lugar repica en cada esquina para
completar un concepto temporal, sencillamente un permiso para salirse del
bastidor.
El
saberla mi amiga me da la posibilidad de que le interese saber qué veo,
qué pienso, qué siento, no importa si lo que digo coincide con el titulo
(si es que pudo ponérselo) , sé que me escucha regocijándose que yo entienda lo
que quiso expresar o tal vez me mire como una pequeña a la que le cuentan un
nuevo cuento, azorada de la nueva historia que tejí en su obra, ajena a su
propio consciente; y es que lo interesante
en este plano de “contar algo”
es que no existen reglas, los límites son los que cada uno pone y la capacidad
de poner la imaginación en juego; ella expresa una historia y está en mí completarla, cambiarla o por qué
no alejarme de todo lo propuesto e inventarle un significado nuevo y totalmente
diferente, y cuando hablo de mí quiero decir espectador ese yo puede ser un
vos, o cualquiera que se lo permita.
Me
pregunté si debía enmarcar todo este relato con algún dato como a qué corriente
artística pertenece, pero como dije anteriormente no tengo la sapiencia y a confesión de parte no me parece un dato
relevante para lo que creo que debe
suceder cuando cualquiera mire una de sus obras; ¿acaso podré despertar otro
tipo de miradas al decir con antelación que ella es dadaísta, o cubista o surrealista? ¿eso
cambiará la alegría o el sentimiento de encierro que a uno le pueda provocar un
cuadro?...
Y hoy
que estas leyendo estas líneas y que dentro de poco estarás entrando en su
mundo, te advierto que al mirar su obra encontrarás guiños a grandes virtuosos,
esos que plantaron algo en su alma de artista, pudo inspirarse, admirarlos y también asombrarse con su
técnica, pero la historia, la idea madre, la sensibilidad y la capacidad
creadora no se puede imitar y es justamente eso lo que la hace artista.
Me quedo
con las sensaciones y los sentimientos
que descubro, una caricia en el alma, una sensación de olvido, unas ganas locas
de llorar o una sonrisa inalterable, me quedo con ideas dando vuelta y un
momento de silencio, una reflexión, un guiño al alma y una complicidad.
Pasen y
vean, experimenten, sientan,
involúcrense, dense una oportunidad de relatar una historia…aunque sea
solo para ustedes.
M. Paula Sanchez



























