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domingo, 30 de marzo de 2014

TEXTO



No soy crítica arte, ni curadora de muestras, soy ese “quien sea” que Paula eligió para escribir sobre su artisticidad, y  aunque mi percepción no está fundada en una base técnica o teórica, me permito escribir desde el andamio en el que sí puedo apoyarme, la emoción.
De la mano de la obra de Paula pude experimentar texturas, una fiebre de matices, volúmenes, una imagen recortada o una realidad fantasiosa, una nueva representación del decir, entendí que el arte no es otra cosa que una invitación, una puerta de entrada a otro mundo.
 Lejos de los estereotipos, prejuicios o patrones artísticos convencionales  Paula posee una capacidad perceptiva, emotiva e imaginativa, experimenta con las formas, los cuerpos, los objetos, disfruta de enredarse con los colores, juega con  lo multidimensional, posee la libertad y la confianza para llevar al espectador hacia un viaje en donde la capacidad lúdica y la sensibilidad que se involucran son las que garantizan el éxito.
Como muchos artistas, puede pasar días elaborando  una pieza o simplemente abstraerse del mundo para verla terminada en pocas horas, esa idea que boceta en lápiz sobre algún papel logra cobrar vida en vibrantes colores y dimensiones descomunales  invitándonos a abrir los ojos y la cabeza por igual, puede regalarnos algo sencillamente para mirar o, por el contrario, una instalación en donde una habitación repleta de cosas nos espera montada para tocar, pisar o sentarse sobre ella y un sonido escondido por algún lugar repica en cada esquina para completar un concepto temporal, sencillamente un permiso para salirse del bastidor.
El saberla mi amiga me da la posibilidad de que le interese saber qué  veo,  qué pienso, qué siento, no importa si lo que digo coincide con el titulo (si es que pudo ponérselo) , sé que me escucha regocijándose que yo entienda lo que quiso expresar o tal vez me mire como una pequeña a la que le cuentan un nuevo cuento, azorada de la nueva historia que tejí en su obra, ajena a su propio consciente; y es que lo interesante  en este plano de “contar algo” es que no existen reglas, los límites son los que cada uno pone y la capacidad de poner la imaginación en juego; ella expresa una historia y  está en mí completarla, cambiarla o por qué no alejarme de todo lo propuesto e inventarle un significado nuevo y totalmente diferente, y cuando hablo de mí quiero decir espectador ese yo puede ser un vos, o cualquiera que se lo permita.
Me pregunté si debía enmarcar todo este relato con algún dato como a qué corriente artística pertenece, pero como dije anteriormente no tengo la sapiencia  y a confesión de parte no me parece un dato relevante para lo que  creo que debe suceder cuando cualquiera mire una de sus obras; ¿acaso podré despertar otro tipo de miradas al decir con antelación que ella es dadaísta, o cubista o  surrealista? ¿eso cambiará la alegría o el sentimiento de encierro que a uno le pueda provocar un cuadro?...
Y hoy que estas leyendo estas líneas y que dentro de poco estarás entrando en su mundo, te advierto que al mirar su obra encontrarás guiños a grandes virtuosos, esos que plantaron algo en su alma de artista, pudo inspirarse,  admirarlos y también asombrarse con su técnica, pero la historia, la idea madre, la sensibilidad y la capacidad creadora no se puede imitar y es justamente eso lo que la hace artista.
Me quedo con las sensaciones  y los sentimientos que descubro, una caricia en el alma, una sensación de olvido, unas ganas locas de llorar o una sonrisa inalterable, me quedo con ideas dando vuelta y un momento de silencio, una reflexión, un guiño al alma y una complicidad.
Pasen y vean, experimenten, sientan,  involúcrense, dense una oportunidad de relatar una historia…aunque sea solo para ustedes.

                                                                                                                                        M. Paula Sanchez